“En el mundo en que vivo, la censura es siempre posible. La mayoría de los medios están en manos de quienes se oponen a la justicia social y siempre hay que luchar por los espacios de manera hábil y astuta, con nuevos métodos, con malabarismo y subterfugio. Es una situación humana y global”.

De visita en Chile, celebrando los 30 años de la Brigada Orlando Letelier, su fundador, el artista y activista, Francisco Letelier, participó en “Pizarrones del pueblo. Conversación sobre muralismo y activismo en Estados Unidos y Latinoamérica”, en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA).

Esta charla, realizada en el contexto de la exposición Pasado Inquieto, exposición que aborda  iniciativas de arte comprometidas con causas sociales en los 70 y 80, le permitió a Letelier contar experiencias sobre las motivaciones involucradas en el trabajo artístico y colaborativo en Estados Unidos, Palestina, Nicaragua y Chile, aludiendo en particular a la brigada que se fundó en 1977 tras el primer aniversario del asesinato del político chileno Orlando Letelier y cuya propuesta se enfocó en denunciar las violaciones a los Derechos Humanos en Chile.

En la misma semana en que Fabiola Letelier, recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos 2018, Francisco compartió su percepción sobre el muralismo y las posibilidades que hoy encuentran las causas sociales y políticas en el arte.

A 30 años de la creación de la Brigada Orlando Letelier, ¿qué hitos consideras son los más relevantes de su historia y que hoy hacen necesaria la revisión de su gesto artístico?

Creo que una de las situaciones más relevantes fue el viaje que en el verano de 1972, hizo la muralista y crítica estadounidense, Eva Cockcroft, cuando se sumó a las labores de la Brigada Ramona Parra en Chile. Volvió a su país inspirada por el contenido popular y revolucionario de sus experiencias y compartió estas ideas con otros grupos y personas del creciente Movimiento Muralista de Norteamérica. En 1977 fue co-autora de la obra Towards a People’s Art: The Contemporary Mural Movement, la primera investigación sobre murales ‘populares’ en Estados Unidos, con James Cockcroft y el reconocido muralista de Chicago, John Pitman Weber.  El libro también describió los murales en Chile y eso fue fundamental porque posibilitó una entrada para la Brigada Orlando Letelier en Estados Unidos.

Nuestras labores se sumaron a la de otros muralistas del país y la brigada colaboró en diferentes instancias con Cockcroft y otros muralistas, como John Weber y Judy Baca. Es difícil estimar el rol del ejemplo chileno en la subsecuente evolución del muralismo de Estados Unidos, pero es importante notar que con éste, la Brigada y muchísimos otros siguieron investigando metodologías de labor, colaboración e inserción de obras en el espacio público.

La Brigada Orlando Letelier, cumplió distintos papeles en las grandes iniciativas culturales de resistencia internacional de los años 70, 80 y 90, aportando a redes de entendimiento e intercambio político culturales.

¿Qué transformaciones ves en los puentes que se tienden desde el arte hacia causas sociales y políticas hoy, particularmente en el muralismo?

Es importante recordar que el uso de las murallas como vehículo de expresión, tiene que ver con el uso de medios de comunicación que se tienen al alcance. Hoy las divisiones entre el muralismo, grafitti y arte de calle se confunden, pero ciertas tendencias abrazan el uso del arte público como herramienta social y tienen facetas de colaboración, creando instancias de encuentro en el tejido social que van más allá de lo que es habitualmente visto como ‘arte’. Hoy un mural puede ser un vehículo en un proceso interdisciplinario que se une a componentes que no son visuales y que ocurre en diferentes formas en varios lugares físicos y virtuales a la vez.   

En la escena del diálogo público en los medios de comunicación, hay una dificultad para hablar de aquellos temas que movían a grupos como la Brigada Orlando Letelier. Con los años parece crecer la amenaza de que sean temas de discusión de unos pocos. ¿En qué posición respecto de este tema, crees está la actividad artística hoy en día?, ¿qué rol les cabe?

Un rol vital e importante como siempre. En el Chile post dictadura algunos pensaron que detentar el oficialismo o abrir grandes instituciones estatales permitiría que se hiciera más fácil entrar a ciertos temas. En el mundo que vivo yo, la censura es siempre posible. La mayoría de los medios están en manos de quienes se oponen a la justicia social y siempre hay que luchar por los espacios de manera hábil y astuta, con nuevos métodos, con malabarismo y subterfugio. Es una situación humana y global.

¿Tienes planes de realizar algo en Chile próximamente o te gustaría llegar a hacerlo?

Tengo un proyecto basado en el Plan Cóndor el año 2019 como residente de beca en el Instituto de Arte de Nuevo México Santa Fe. Me gustaría compartirlo en Chile y espero que se forme el contexto para hacerlo. Como artista respondo a lo contextual y en general mis proyectos tienen que ver con inserción dentro de un tema en el cual el arte es usado para buscar soluciones, crear diálogos, impartir cultura, educación, resistencia e imaginación y me gustaría mucho hacer más eso en Chile.  

 

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