Los archivos tienen más valor para la humanidad de lo que se les reconoce. La preservación de estos registros que guardan las historias de cada país no solo asegura su patrimonio cultural sino también su democracia.  Ante amenazas de daños, robos e incendios como el del Museo Histórico de Brasil, el Archivo del MSSA se ha hecho parte del compromiso internacional “Por una Política común de Archivos” impulsado por la Red de Conceptualismos del Sur. 

 

“Al compañero Picasso, saludos:

Nosotros artistas latinoamericanos, tus hermanos, tus admiradores, venimos a pedirte una cosa: el traslado de GUERNICA, fruto de tu sagrada protesta y de tu genio, del Museo de Arte Moderno de Nueva York donde se encuentra por tu decisión, para el Museo de la Solidaridad de Santiago, Chile”(SIC). 

Así comienza el borrador de una carta que debía ser enviada al pintor Pablo Picasso en 1972, pidiéndole que enviara provisoriamente a Chile una de sus obras más impresionantes a un museo que recién se formaba y que ni siquiera tenía un edificio definitivo donde albergarse. Esta carta junto a fotografías, fichas, documentos que relacionan a artistas, curadores y personalidades de la política y la cultura, son parte del acervo documental del Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA), que alberga aproximadamente 5000 piezas de archivo de diversa tipología y que es tan importante como su colección, que tiene más de 2700 obras de arte contemporáneo y moderno. 

“Este museo es impensable sin su archivo” dice María José Lemaitre, coordinadora del área en el museo de avenida República, y agrega, “dado su origen distinto a otros museos y su desarrollo nómade, la historia del MSSA está diseminada por el mundo. Para poder rastrearlo no solo desde una mirada historiográfica sino también para conocer a quienes participaron en su fundación y vida, es importante la recuperación y estudio de esos registros con los que ahora conocemos cómo hicieron las cosas en esos momentos, pero también vemos sus lazos de amistad y fraternidad”, dice.

Cartas y documentos del Archivo MSSA.

La historia en cartas

A fines de 1971 el presidente Salvador Allende había aprobado la idea de un grupo de intelectuales internacionales de crear un museo de arte “para el pueblo de Chile” conformado exclusivamente por la donación de artistas. Se trataba de un proyecto utópico y muy contrario al mercado del arte pero que obtuvo nutrida respuesta. Cada obra que fue llegando era acompañada por cartas de sus autores declarando las razones de su donación. Para un museo que se fundó sin una institución jurídica, la autenticidad de las donaciones en su primer periodo que va desde el 71 al 73, se basa precisamente en esas cartas. 

Entre los ideólogos del museo se encontraba el crítico de arte brasileño Mário Pedrosa. Por esos años exiliado en Chile, era una de las personalidades más importantes en el mundo intelectual artístico de su país y era reconocido por ser un ferviente impulsor de su arte contemporáneo.

El primer semestre del 72 tras el llamado de Allende “a los artistas del mundo” a contribuir con el museo, llegaron casi cuatrocientas obras como donaciones. Entre ellas se encontraban las de maestros como Joan Miró, David Siqueiros y Alexander Calder. Sin embargo Pedrosa y otros colaboradores estaban convencidos de que había una obra que dado su mensaje tenía que estar en el Museo aunque fuese de manera temporal; esa era Guernica y no les faltaban ideas ni pasión para mover sus redes de contactos y hacerla aterrizar en Chile, por eso esta carta que ensayaban para enviársela a Picasso también era parte de un plan mayor cuyos detalles quedaron en un documento que enumeraba las tareas por cumplir y que hoy es parte del acervo del MSSA.

 

La contribución a la democracia de los archivos

Preservar estos registros para el futuro son parte de las razones por las cuales el Archivo del MSSA decidió adherir recientemente al llamamiento internacional Por una Política común de Archivos, que busca ampliar y mejorar el acceso a su acervo documental a públicos e investigadores de todo el mundo. 

Los incendios del archivo de Helio Oiticica en el 2009 y del Museo Histórico de Brasil el año pasado, fueron grandes alarmas que impulsaron esta iniciativa de la Red Conceptualismos del Sur cuyo propósito es “promover el conjunto de buenas prácticas sobre el patrimonio documental de los países”, además de “incentivar la importancia y la protección de toda clase de archivos, ya sea públicos o privados y alertar a cerca de riesgos y de la amenaza que su pérdida representa para la humanidad”, declaran. 

Sus observaciones, no obstante, tienen raíces más profundas. Según explica la plataforma de investigación en su web, preservar el patrimonio documental es una forma de contrarrestar los efectos en la cultura que las dictaduras en Latinoamérica dejaron. 

El grupo denuncia que si los Estados mantienen las prácticas de violencia y no han protegido las memorias colectivas, al mismo tiempo que las economías neoliberales intervienen en la forma de relacionarse de las personas, entonces las maneras en cómo participan de su ciudadanía y construyen una sociedad en colectivo están siendo seriamente afectadas. La consecuencia más severa es que “se sigue sofocando la vida pensante de nuestras sociedades”, señalan. Es por ello, que preservar y fomentar buenas prácticas en torno a estos acervos es fundamental para las democracias y la cultura. 

Estas intenciones están alineadas a la Declaración Universal de los Archivos, que fue adoptada por la 36ª Sesión de la Conferencia General de la UNESCO, y que reconoce el rol de estos en “proteger los derechos de los ciudadanos, asegurar la memoria individual y colectiva y para comprender el pasado, documentar el presente para preparar el futuro”, dice el documento descargable desde la web del Consejo Internacional de Archivos (ICA). 

Acudiendo ahora al llamado internacional de esta red entre los que se encuentran el archivo del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (España), el del Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC-UNAM (México), el Museo de la Memoria  y los Derechos Humanos (Chile) y el Archivo histórico de la Universidad Complutense de Madrid (España) entre otros, el del MSSA sumó su compromiso de poner “a disposición de la comunidad su valioso patrimonio documental sobre la formación del propio museo y de los contextos culturales, sociales y políticos de los años 70 hasta la actualidad”, declara. 

Equipo del área de Archivo del MSSA. De izquierda a derecha: María José Lemaitre (Coordinadora), Isabel Cáceres (Archivera) y Sebastián Valenzuela (Archivero).

Historias documentadas

En abril de 1972 la prensa se apuró en anunciar que se aproximaba la inauguración de un museo en la UNCTAD III (actual GAM), encabezada por grandes celebridades del arte internacional donde Picasso era el nombre de los titulares.  Gracias a las misivas en el Archivo MSSA, sabemos que él no había asumido ningún compromiso oficial y que dado su silencio, en junio del mismo año Mário Pedrosa escribió a España pidiendo ayuda a otro de los ideólogos del Museo de la Solidaridad, el sevillano José María Moreno Galván. Pero tampoco le contestó, ni entonces ni en octubre cuando le envió una segunda carta con la siguiente propuesta.  

“Tengo un plan pero antes quería consultarte. Sé que Penrose es viejo amigo de Picasso. Y si pusiéramos en marcha el aparato del PC en Francia, con Aragón, Pignon y otros como Pablo Neruda? El Museo de la Solidaridad ha crecido constantemente y ahora contamos con unas 700 obras”(SIC). 

Los mensajes del curador brasileño son parte hoy de un intercambio del MSSA con el Museo Reina Sofía para complementar la historia de la obra de Picasso en el proyecto Repensar Guernica.  

En el Archivo del MSSA, no hay registros de una contestación de Moreno Galván a Pedrosa por estas ideas en particular, solo existe el registro fotográfico de un documento del Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, sobre una solicitud del curador español con fecha 13 de noviembre del 72 para recibir apoyo de Chile por su procesamiento por injurias en un homenaje a Picasso a quien varias veces defendió y homenajeó durante la dictadura de Franco. Era una más de las varias persecuciones, detenciones y procesamientos que tuvo que resistir a lo largo de su vida. Por estas cartas es posible entender las razones de por qué nunca pudo ayudar a Pedrosa.   

Negativos de fotografías presentes en el Archivo MSSA

Tras el golpe de Estado el proyecto del Museo de la Solidaridad se canceló en Chile, pero encontró la forma de rearticularse en el exilio como Museo de la Resistencia (MIRSA) hasta que logró volver a instalarse en Santiago en los 90. 

A pesar de que la intervención militar significó la desaparición de varias de sus obras de la Colección, su búsqueda y hallazgo ha sido posible gracias a documentos que sobrevivieron a esta historia.  Un grupo de estas fue encontrado en 1991 por una investigación en la que participó la galerista y gestora cultural chilena Carmen Waugh sobre los catálogos del depósito de obras del Museo Nacional de Bellas Artes. 

“El archivo permite llegar al corazón de la institución porque fuera del ámbito de lo más pragmático, también existe un mundo de lo humano, donde hubo miedos, sacrificios, discusiones y decisiones complejas”, explica María José Lemaitre que también valora los archivos porque han permitido reconocer a personas cuyo trabajo fue más silencioso pero igual de importante, como el de Miria Contreras, la “Payita”, que fue fundamental para el MIRSA en Cuba, así como el de María Eugenia Zamudio, secretaria ejecutiva del Instituto de Arte Latinoamericano (IAL) de la Universidad de Chile; la periodista y escritora Virginia Vidal y Carmen Waugh. 

Nunca más se ha vuelto a crear un proyecto similar en Chile que reúna donaciones de grandes artistas del mundo, ni se han unido tantos intelectuales nacionales e internacionales a colaborar por el nacimiento y desarrollo de una institución cultural para beneficio de los chilenos, y es el único museo de solidaridad que se mantiene activo en el mundo. Todo eso lo sabemos hoy por los archivos del MSSA y las redes que sus profesionales están haciendo crecer dentro y fuera de Chile. Hoy gracias a la tecnología, es posible soñar con una memoria colectiva global. Para asegurar su integridad e independencia ¿serán suficientes los compromisos?

 

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