Una organización de mujeres creadoras nacida el 2018 en el MSSA, de diferentes edades y conocimientos sobre el arte textil comparten sus experiencias para explorar la multiplicidad de técnicas de esta práctica no solo como una herramienta de expresión sino también como de cohesión social.

Se conocieron en un taller de textil impartido por la artista Daniela Pizarro, que formaba parte del proyecto Mirada de barrio del Museo de la Solidaridad Salvador Allende; iniciativa que buscaba establecer nexos entre el museo y la comunidad de su entorno más inmediato: el barrio República. Pero un taller de textil en un museo de arte contemporáneo no necesariamente forma a diestras fabricantes y bordadoras de cortinas y cubrecamas. 

Encender la opinión 

De aquel taller resultó un textil comunitario de gran formato que fue expuesto en la muestra Haciendo Barrio durante el segundo semestre del 2018.  Se trataba de un mapa del sector en diversas técnicas, que mostraba su memoria histórica, presente y futuro y que fue donado posteriormente al museo. Era solo el inicio. 

Si el arte es una invitación a ver las cosas de otro modo y a la vez una provocación a intervenir la realidad creativamente, el desafío de aproximarse a la costura no ya como una técnica de utilidad hogareña sino de expresión artística de un relato íntimo, las transformó en creadoras, hacedoras de mirada crítica y esa fue la chispa de las Textileras del MSSA.

“A mi me parece que los más interesante de esta experiencia es que se ha ido creando la necesidad de convertirse en sujeto social con opinión que es una práctica que las mujeres en general en esta sociedad, no pueden realizar en los espacios políticos por ejemplo, y aquí se ha ido potenciando ese interés de tener una opinión y de ir exponiéndola socialmente a través de los lienzos”, cuenta la textilera Carla Ansaldi, una de las vecinas que lleva más tiempo participando en las actividades del museo.

Desde el barrio República

Para el vecindario, este grupo ha significado también un momento de reencuentro y una forma de restablecer redes. “Ha ayudado a afianzar los lazos entre sus habitantes porque hay muchas vecinas que vivían en las misma cuadra que no se conocían y ahora han empezado a conversar y generar lazos que no había antes”, cuenta Tania García, textilera que trabaja el oficio del macramé.

Como articuladoras de las voces principalmente femeninas del territorio, las Textileras poco a poco han ido haciendo cada vez más visible su decidida opinión a través de piezas de gran formato que interpelan a los transeúntes sobre derechos humanos, memoria y feminismo. 

Su primer gran lienzo fue confeccionado en memoria de la trabajadora del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile asesinada en la avenida República, Margarita Ancacoy, y se ha ido llenando cada vez de más detalles y trozos de tela en conmemoraciones como la del 8M y la eliminación de la violencia contra la mujer.

“El lienzo de Margarita Ancacoy creo que fue justo lo que despertó esa necesidad de comunicación. La impotencia que produjo la muerte de una mujer trabajadora que vivía al lado nuestro, generó el primer despertar de este grupo, de querer hablar y de mostrar la injusticia en ese hecho espantoso”, cuenta Carla Ansaldi y agrega, “el exponerlo trajo una felicidad de concretar, intentar mostrar, y de agruparse en torno a la justicia” dice.

Las Textileras MSSA, sin embargo, han encontrado en sus reuniones y prácticas, no solo un espacio de reflexión y propuestas, sino también un lugar para sanar. Hoy están realizando talleres y actividades constantemente que invitan a las personas a conocer el arte del bordado, el patchwork, el textil en general para abrir nuevamente el sentido de hacer comunidad desde las distintas expresiones que cada uno pueda proponer. “Nuestra idea es acercar el bordado a la gente, los que no saben les vamos enseñando, y que sea una actividad terapéutica”, explica Tania García.

Muchas hebras son más fuertes

“A diferencia de un lienzo hecho en papel o cartulina, la tela es resistente y de textura cálida. Admite nuevos aprendizajes e intervenciones, tanto individuales como colectivas que confluyen en hitos de cada situación importante. Los lienzos son actos comunitarios y también bitácoras o registros de la vida, como las molas de las mujeres Guna (que están expuestas en la muestra Tejido social), los antiguos quilt europeos, las arpilleras de la dictadura y las confecciones de las bordadoras de Isla Negra”, dice Soledad García, Coordinadora del Área de Programas Públicos del museo. 

Frente al momento que atraviesa el país en estos días, en el museo y en la Plaza Manuel Rodríguez, las Textileras ya han organizado tres encuentros a la fecha en que la creación textil y costura comunitaria con vecinos y vecinas han estado a la orden de la reflexión de lo que puede ser un país más justo al mismo tiempo que de un registro de las vivencias y sentimientos que surgen al transitar este proceso.  

“Es interesante ver cómo surge una vinculación entre lo personal de la costura, especialmente en la toma de decisiones sobre qué decir y cómo abordarlo en el textil y el encuentro colectivo con otras manos creando piezas vinculadas”, dice Jessica Figueroa, Encargada de Mediación del MSSA y agrega, “pero no sólo relacionadas por la materialidad sino que también por lo afectivo, por las memorias y las herencias, todas experiencias traídas a este momento contemporáneo donde esa misma y muy antigua habilidad tan asociada a las labores domésticas, y a las mujeres, entra en otra dimensión en que se vuelve herramienta de expresión, de resistencia, de protesta y de llamado a sus compañeras y de ahí al barrio, y todo a través de algo que parece tan simple, unir pedacitos de tela”, dice.

Textileras en marcha 

La tarde del sábado 26 de octubre se realizó el primer encuentro donde llegaron hombres y mujeres de distintas edades, a compartir con aguja e hilo sus pensamientos y sensaciones tras la primera semana después del estallido social. Sin grandes instrucciones comenzaron a confeccionar sus diseños. Mientras sus manos iban siguiendo un dibujo con hilos de colores, iban compartiendo lo que habían visto en el barrio no solo este 2019, sino también durante la dictadura en que la CNI había llegado a instalarse en antiguas casonas como las que hoy son sede de instituciones como la Fundación para la Superación de la Pobreza, la Universidad de Los Lagos y el MSSA, junto a otras que hasta hoy siguen abandonadas. 

Para la textilera Jimena Nuñez esto permite “una sensación de comunidad, de estar todos juntos que en este momento es súper importante”.

Como ya es costumbre, no solo llegaron a hacer sus propios textiles, también guiaban e invitaban a aprender. “En la primera jornada una señora mayor dijo que no sabía bordar, que no había bordado nunca, pero quiso participar igual”, cuenta Carla Ansaldi y sigue, “ante el ofrecimiento mío de enseñarle algún punto, de iniciarla en el bordado, ella dijo ‘no, no, no. Si no es tan complicado. Puedo hacerlo sola’. Inmediatamente empezó a crear, empezó a bordar una frase e inventó a su estilo un punto que funcionó perfecto sin tener que darle ninguna instrucción técnica de cómo hacerlo. Lo terminó ese mismo día y a mi me pareció perfecto”, dice. 

“Paz”, “Unión” aparecieron en letras de colores y distintos diseños que fueron quedando en parches debajo de la leyenda “Por una vida digna”, que  vecinas y vecinos escogieron para plasmar un nuevo lienzo que el 9 de noviembre, unió todas las creaciones confeccionadas en las reuniones anteriores. El material será donado a la Junta de Vecinos del barrio República para ser utilizado en las diversas manifestaciones que se convoquen. 

Mientras quede hilo, las textileras seguirán llamando. Hay que estar atentos a sus llamados en las redes sociales del MSSA y a la cuenta de ellas en Instagram.

 

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